miércoles, 2 de agosto de 2017

ENTREVISTAS CON LOS PONENTES Y COLABORADORES DE LAS XIXJBA: Pedro López López



ENTREVISTAS CON LOS PONENTES Y COLABORADORES DE LAS XIXJBA: 
Pedro López López


Pedro López López
Universidad Complutense de Madrid. Facultad de
Ciencias de la Documentación




¿Cómo podrías definir "Retorno de la Inversión en Bibliotecas"?
¿Desde cuándo empezaste a escuchar este término?
¿Algún proyecto que te haya llamado la atención?
¿Cree que es necesario conocer el ROI de nuestras bibliotecas para justificar socialmente la inversión en nuestros servicios?
Las cuatro primeras preguntas prefiero no contestarlas porque no comparto la visión económica-neoliberal que nos obliga a justificar económicamente todo. Creo que la justificación de un servicio público como la biblioteca no debe atenerse a criterios economicistas. La biblioteca pública mejora la sociedad haciéndola más culta, más tolerante y más democrática. Son valores que no pueden someterse a una visión contable. El ser -para una persona o para un pueblo- más culto, mejor ciudadano, etc., no pasa por una justificación contable. Yo recomiendo a una persona estudiar aunque sepa que va a trabajar toda la vida ajustando tornillos, sirviendo barras de pan o fregando platos. Entiendo que la lectura, a la que se accede partiendo de un nivel cultural, mejora la calidad de vida, las relaciones sociales, la vida en comunidad (familia, pareja, vecinos, compañeros de trabajo…).
El sistema educativo (incluyo aquí a las bibliotecas) no tiene por qué estar sometido exclusivamente a una rentabilidad económica que haya que demostrar para “justificarse” ante la sociedad. En la universidad, con este argumento se han modificado los consejos sociales y los criterios para evaluar la docencia, los cursos de verano y otras actividades, con vistas a –se dice- rendir cuentas ante la “sociedad”, pero rascando un poco, se ve que esta “sociedad” es el mundo empresarial.
La biblioteca mejora la comunidad, la hace más culta, no hay nada más que justificar. Hay que creer en ello aun con experiencias tan amargas como el nazismo, donde los jerarcas eran refinadamente cultos. Igual que no puede justificarse por qué hay que ser buena persona -se trata de un axioma que no puede discutirse-, tampoco pueden emplearse argumentos contables para justificar la biblioteca. Entiendo que otros tengan que hacerlo, presionados por los recortes, por la eterna relegación de este servicio público, pero para este tipo de justificaciones ante los responsables políticos están otros (responsables de bibliotecas, sobre todo), yo me quedo en el discurso  de La utilidad de lo inútil el extraordinario libro de Nuccio Ordine, o con la máxima machadiana que pide no confundir valor y precio; insisto, todo no se puede tasar con criterios contables.


¿Cuáles serían los puntos clave para mejorar la imagen de las bibliotecas ante la sociedad?
Sin entrar en cuestiones de “marketing”, creo que la biblioteca debe intentar formar parte del tejido social de su comunidad, convirtiéndose en un foco cultural, en un lugar de encuentro donde los vecinos disfruten de un espacio público no sometido a las leyes de la mercancía. Debe impulsar actos culturales, debates culturales y políticos, presentaciones de libros, etc., y acoger actos del barrio o municipio que sirvan para construir ciudadanía. Creo que la perspectiva de la ciudadanía no debe ceder a la perspectiva del consumo. Si la biblioteca está presente en la sociedad, prestando su espacio a este tipo de actividades, será valorada por esta. En 2010 publiqué en la desaparecida revista Educación y Biblioteca (nº 176) un artículo cuyo título era ¿Reconocimiento social sin compromiso social? En el artículo decía:
“Una de las quejas más extendidas en las profesiones del ámbito de Biblioteconomía y Documentación es, sin duda, aquella que se refiere a su escaso reconocimiento social. Desde mi punto de vista, nos encontramos ante una queja que tiene su razón de ser, pero que  a menudo es formulada por aquellos que muy frecuentemente dan la espalda a problemas sociales que requieren compromiso social. En mi opinión, sin compromiso social no puede exigirse reconocimiento por parte de la sociedad.”
Sigo en esta posición, pensando que la biblioteca debe “mojarse” en los problemas y debates sociales y políticos (entendida la política no un sentido partidista o sectario, por supuesto), promocionar los derechos humanos, los valores democráticos y el ejercicio de la ciudadanía. Y también creo que debe ser un “espacio de resistencia” ante la mercantilización de todos los espacios y actividades humanas que impulsa el capitalismo neoliberal que tenemos encima. La biblioteca debe intentar quedar fuera de esa lógica mercantilista y ser un lugar gratuito y de acceso universal.


¿Qué esperas de las XIX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?
Lo que se espera de este tipo de actividades: que sea un lugar de encuentro y de intercambio fecundo de reflexiones y puntos de vista que no tienen por qué coincidir, pero que en su pluralismo nos enriquece a todos. Igualmente, también es agradable conocer en persona a otros profesionales y experiencias.


¿Qué te parece el trabajo de la AAB en favor de la profesión?
Sinceramente, no me considero con criterio para responder a esta pregunta, no conozco suficientemente la gestión de la AAB. Creo, en todo caso, importante el papel de las asociaciones profesionales para defender y representar a la profesión ante la sociedad, para impulsar el reciclaje profesional y para fomentar los debates propios de la profesión.



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