martes, 23 de septiembre de 2014

Entrevistas a los invitados a las I Jornadas Técnicas de Bibliotecas


Entrevista a los invitados a las I Jornadas Técnicas de Bibliotecas: Ana María Jiménez Rodríguez





Ana María Jiménez Rodríguez. 
Psicóloga infantil y de adultos en terapia Gestalt y con experiencia en gestión de la biblioteca municipal de Quéntar, Granada

Inteligencia emocional en bibliotecas, ¿qué le sugiere esta frase?.

Me suena a utopía pero cercana. Desde hace algún tiempo empezamos a plantearnos la idea y la praxis de que las bibliotecas también son lugares donde uno puede crecer emocionalmente y donde pueda encontrarse un trato más humano y cercano. Es algo que puede darse sin estar en disonancia con el trabajo en una entidad pública o rodeado de mucha gestión administrativa.
Dar aún más valor a una biblioteca pasa por ponerle calidez a las relaciones humanas que allí se generan, fomentando por ejemplo los clubes de lectura, con la creación de grupos de investigadores y haciendo que el contacto entre bibliotecarios y usuarios sea cálido, entre otras medidas. Ponerle calidez al trabajo no significa desconectarse de sí y estar más al servicio del usuario o de la administración sino crear un ambiente equilibrado entre lo que sucede en la biblioteca y el cómo me siento yo. Una biblioteca emocional es una biblioteca abierta, humanista, centrada en ampliar y expandir conocimientos, actitudes y formas diversas de entender la vida. Integrar y proponer alternativas de trabajar y de estar en una biblioteca puede ser un primer paso importante, tanto para los bibliotecarios como para los usuarios.

¿Cree que los bibliotecarios están preparados para responder a las nuevas demandas de los usuarios, fruto de la situación actual del país? ¿Será nuestra respuesta positiva hacia los usuarios?

Vivimos en un momento de crisis, de grietas en los sistemas sociales y también grietas en las estructuras familiares y personales. La inestabilidad social y económica pasa también por una crisis de identidad como consecuencia de la repercusión que tiene en nosotros la situación laboral. La sociedad vive en una burbuja que no se mantiene por sí misma y nosotros, las personas, vivimos en un andamio difícil de sostener, con falta de criterio y conciencia. Los cambios económicos y laborales provocan un cambio en el usuario que se acerca a la biblioteca. Familias en situación precaria, con dificultades para llegar a fin de mes, han encontrado en la biblioteca un segundo refugio después de su casa. La bibliotecas son lugares acogedores, libros de préstamos, mesas de lectura con calefacción y provistos de recursos como conexión a internet, prensa, audios, enciclopedias especializadas, espacios para estudiar, aprender... En definitiva un espacio público donde uno puede expandirse cultural y académicamente.
Cambian los perfiles de usuarios de las bibliotecas y cambian las dinámicas de gestión de las bibliotecas. Aprender a flexibilizar y relacionarse con los nuevos perfiles y dinámicas forma parte de las habilidades que se trabaja en la inteligencia emocional. Conforme aprenda a adaptarme a los cambios de mi vida, también aprenderé a adaptarme a los cambios de la sociedad.
Dotar de sentido la vida y no vivir muy desconectados de la realidad a nuestro alrededor puede ser una buena clave para crear más conexión entre lo que uno piensa, siente y lo que sucede fuera. La clave del equilibrio pasa porque el ambiente de fuera, nuestro trabajo, amigos, familia tenga un pellizco de nuestro ser.

¿Qué beneficios traerá la inteligencia emocional a los bibliotecarios? ¿Lo podremos aplicar en nuestra labor diaria?

El  bibliotecario es un guía: aconseja, resuelve, investiga, educa y facilita que haya un ambiente cálido y enriquecedor. Es fundamental cuidarlo, porque es una figura clave dentro de una biblioteca.
Para ello toda la energía y trabajo previo va para él o ella. El bibliotecario tiene que encontrar lo mejor de sí mismo y ponerlo al servicio en su trabajo y de su vida. Dotar de conciencia y sentido su labor profesional pasa por no desconectarse ni dejarse domesticar por lo que la sociedad le pide.
La salud emocional, el bienestar de un trabajador, que asume sus responsabilidades con tranquilidad y no con desidia, facilita que el motor de una biblioteca funcione mejor y que haya un mejor ambiente.
La riqueza personal, la empatía, la asertividad son herramientas o actitudes que las personas que trabajan al público tienen que tener muy claras y usarlas. Si no, uno se quema y evitas las nuevas situaciones.

Al pensar en los bibliotecarios, ¿cómo ve su labor en el tejido social de las poblaciones?

Muy importante. El aprendizaje y en enriquecimiento de las personas es mutuo. Yo puedo enseñar a alguien algo pero yo también puedo aprender de los demás. Somos seres interconectados y el aprendizaje puede ser bidireccional. Por lo tanto puede haber una implicación y una labor social de educar y transformar la realidad de muchas personas.
Prepararse en los fundamentos de las habilidades sociales y emocionales para lograr mayor autoconciencia y tener mejor capacidad para dominar las emociones perturbadoras favorece esa capacidad en otras personas. Es una cadena en cascada y facilita que cada vez más personas tengan una educación emocional sana.
Cuanto más sensibilidad tenga en reconocer mis emociones, mayor sensibilidad tendré con las emociones de los demás y habrá mayor empatía. Creo que desde el trabajo interpersonal hay una repercusión a nivel social y desde ahí haremos una labor más humana.

¿Espera una participación activa en las jornadas?

Sí, mucha. Va a ser algo innovador y muy necesario. Vivimos en un momento de cuestionamiento de valores más superfluos y hay una búsqueda interna para crear más coherencia entre la vida personal y profesional.

¿Qué expectativas tiene frente a la celebración de las Jornadas Técnicas de Bibliotecas, centradas en la temática de la inteligencia emocional?.

Con estas jornadas pretendemos que la vida emocional del bibliotecario tenga más coherencia con su forma de ser y que pueda ampliar sus capacidades para afrontar y superar los retos laborales y sociales.
Creo que los trabajadores que tienen una labor de cara al público pueden quemarse y tienen que percibir e interpretar adecuadamente lo que suceda en relación al encuentro con los usuarios. A veces esto es difícil. Creo que trabajar con la inteligencia emocional puede hacer que mejore la calidad de vida tanto del trabajador como las de los usuarios. Comunicarse bien y reaccionar según lo que acontece pueden ser herramientas muy útiles para los trabajadores de las bibliotecas.


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